Viernes en casa | Relato

Aquí os dejo un relato sobre un viernes en casa, y la casualidad, de que es viernes y estoy en casa. La verdad que es que llevo desde el martes esperando a hoy para poder subirlo.

Por @himalaia_

    Otro viernes que se quedaba en casa. Waser Kolin llevaba catorce viernes sin salir. No era que no tuviese opciones para salir, era que no le apetecía ninguna. Entre que algunos viernes llegaba cansado de trabajar toda la semana, entre que otros le apetecía por fin tener un rato para leer tranquilo y entre que otros no tenía ninguna excusa, pero no le hacía falta, al final se quedaba en casa.

    Aquel decimoquinto viernes fue algo diferente. Waser se acababa de duchar y ya estaba sudando. Ya estaba empezando el verano, por lo que aunque pusieras el agua lo más fría que pueda estar sin que en vez de gotas de agua te caiga granizo por la alcachofa de la ducha, ibas a salir sudando de todas formas. La ducha sentaba bien de todas formas.

    Se secó el cuerpo con su toalla siguiendo un orden estricto con una seguridad en sus movimientos propia de un bailarín experimentado. De arriba a abajo, dejando lo que quedaba más o menos a la mitad de su cuerpo para el final. Daba la vuelta a la toalla y repetía el proceso. Eso, y el calor del ambiente, lo dejaban listo para ponerse el pijama y tirarse en la cama.

    Tenía un ejemplar de un libro que llevaba tiempo buscando e iba a devorarlo. No lo quería por el autor en sí, sino por la editorial. Aquella editorial era de esas pocas que conseguían hacer que compraras un libro porque sabías que el editor, los lectores beta o quien quisiera que estuviese a cargo de decidir qué se publicaba con esa firma y qué no tenía más criterio del que podía siquiera soñar. Y lo conseguían con autores extranjeros, nacionales, muertos, vivos e incluso las cuatro cosas a la vez. Así eran ellos.

    No le gustaba mucho que casi todos sus libros fuesen de tapa dura; Waser prefería los libros de bolsillo. Pero las cubiertas de sus libros tenían perdón para cualquier cosa. Vaya ilustraciones, vaya elección de colores, ¡vaya tipografía!

    Aunque su aprecio por esa editorial podía considerarse casi obsceno, en realidad no pensaba esas cosas, al menos de forma directa. No era que cogiese un libro y se excitara, simplemente apreciaba los detalles.

    Ya tumbado, con su botella de agua fresquita al lado, el móvil cargando y un gato ronroneando a sus pies, procedió a leer. Y así lo hizo durante media hora más o menos, hasta que apareció él.

    Hizo una pequeña pausa para mirar un rato el teléfono. Lo hacía de vez en cuando como persona de su tiempo; tenía que estar al tanto de todo lo que sucediese en el mundo cada instante. Contestó unos cuantos mensajes, reviso un par de redes sociales y terminó scrolleando* en Tiktok. No le gustaba que le gustase hacer eso, se sentía sucio, pero al final tenía que admitir que se entretenía un rato. ¿Qué tenía de malo entretenerse?

    El primer vídeo fue un anuncio. El segundo fue un anuncio camuflado de vídeo normal. El tercero ya sí que fue un vídeo de unos tipos que iban en un coche, de noche, con la música a tope, se encontraban con un ciervo en mitad del campo y seguían su camino. Por alguna razón lo vio varias veces. El siguiente fueron unos gemelos que hacían cosas como irse a ver un cuadro a un museo y fliparlo. Aquellos dos idénticos personajes de ficción, pues para Waser la mayoría de gente que veía por aquella red social pertenecía a un universo paralelo, por alguna razón le inquietaban. Sonreían demasiado. El siguiente fue una escena de un anime que había visto cuarenta veces, pero con una música de fondo diferente. La vio entera. Siempre lo hacía.

    El siguiente vídeo fue desconcertante. El lugar le resultaba familiar; era una habitación con montañas de libros que llegaban hasta el techo rodeando una cama. ¡Era su habitación! Miró hacia delante, como si fuese a encontrarse a alguien mirándolo, no vio a nadie y soltó una risita. Volvió a bajar la mirada al teléfono y se encontró consigo mismo en la pantalla. Pero no consigo mismo a la edad que tenía —tenía veinte años desde hacía cuatro años—, sino mucho más viejo. 

    Aquella versión de él mismo habló.

    —Hola, Waser. Soy el fantasma de los viernes desperdiciados.

    Waser scrolleó para abajo. Volvió a salir el mismo vídeo.

    —Eso no va a funcionar, bro.

    —No me puedo creer que una versión de mí mismo del futuro me acabe de llamar bro. ¿Eso no se habrá perdido en un par de años?

    El viejo Waser negó con la cabeza.

    —Todavía sigue.

    —Solo porque compartimos la misma condena no voy a bloquear el móvil, al menos inmediatamente. Dime, ¿qué clase de programador cuántico del futuro ha conseguido hacer esto?

    —Ya sabes quién.

    Se sonrieron.

    —Pues tú dirás —dijo el Waser joven.

    —Tengo que enseñarte algo, ya sabes cómo va esto.

    —Pero va a ser de forma tradicional, ¿o un poco más tecnológico?

    —Tendrás que abrir el mensaje que te he enviado.

    —No me has…

    Una notificación apareció en lo alto de su pantalla.

    —Vale, ¿y luego qué?

    —Ahí habrá un enlace, ábrelo y te llevará a una web. En esa web habrá una imagen, toca la imagen con el dedo y aparecerás en Whatsapp. Tendrás que buscar un contacto llamado Yo, pues haz un grupo con él y habla, di lo que quieras. Él te responderá con el usuario y la clave de una cuenta de Twitter, en esa cuenta, en los mensajes directos, habrá otro enlace. Lo abrirás y volverás aquí, dónde tendrás que ir a la sección vídeos de gente que sigues y te aparecerá lo que te quiero mostrar.

    El Waser joven lo pensó un momento. Era un camino tentador, pero él tenía otra opción mejor.

    —¿Y si voy directo a esa sección no se me mostrará directamente?

    El Waser viejo enrojeció dos o tres píxeles.

    —No, claro que no.

    —¿Seguro?

    —Seguro. Hazme caso a mí.

    —Vale, vale.

    El Waser joven se puso a mirar al techo, a hacer tiempo, como si esperase que aquel vídeo desapareciese por sí solo.

    —No voy a desaparecer solo, bro.

    —Deja lo de bro, por favor, ya roza lo ridículo.

    —Y si lo digo otra vez —sonrió de forma pícara—, ¿bro?

    —Joder —Waser asintió con la cabeza—, es que deja de sonar bien.

    —Ahí está la historia.

    —Voy a ir directamente a la sección de gente que sigo. Eres consciente, ¿verdad?

    —Lo soy —agachó la mirada—. Pero tenía que intentarlo.

    —Lo has hecho bien, no te preocupes.

    Se despidió con un gesto de despedida. El Waser joven le dio me gusta, se lo quitó y se lo volvió a dar, como signo de respeto. Ignoró la notificación que le había salido y se fue directo a la sección de gente que seguía. Allí volvió a aparecerse a sí mismo.

    —Hola de nuevo, bro.

    —Al turrón, que no sé mantener la atención más de diez segundos seguidos en esta red social, y ya llevamos unos cuantos minutos haciendo el bobo.

    El Waser viejo levantó las manos.

    —Tranquilo, que ya voy. Seré breve. ¿Has visto la habitación que se ha mostrado antes, al principio del otro vídeo?

    —Sí, claro…

    —Te la enseñaré otra vez.

    Se vio cómo le daba a su propia pantalla con el dedo para cambiar la vista de la cámara frontal a la cámara trasera. La habitación era la misma en la que estaba el Waser joven, eso estaba claro, pero estaba llena de libros. Donde estaba su portátil en aquel momento, en el vídeo había un ordenador que para ser del futuro no daba mucha impresión, el Waser joven lo achacó a que había visto muchas películas de ciencia ficción y ya nada iba a impresionarlo. Sí lo hizo ver a un gato tumbado en el rincón al lado de la ventana donde solía tumbarse su gato, solo que aquel gato del futuro tenía un aura alrededor. Cuando se acercó el móvil a los ojos para ver mejor aquello, la vista volvió a cambiar a sí mismo, el cual estaba haciendo lo mismo.

    —¡Joder!

    —Esa la tenía preparada, sabía que fliparías con el gato.

    —¿Qué es eso que lo rodea?

    —Ya lo entenderás.

    El Waser joven se encogió de hombros.

    —Bueno, ¿eso era lo que tenías que enseñarme?

    —Sí, eso era.

    —¿Y dónde está el problema?

    —¿Qué problema?

    —Se supone que te me apareces para advertirme que no siga haciendo lo que hago, porque me irá mal o acabaré como tú o algo así.

    —Bro. —Se rascó la cabeza antes de hablar— ¿De verdad crees que vengo para eso? Estoy en un viernes del futuro hablando con mi yo del pasado, tengo un libro de nuestra editorial favorita a medio terminar y he encargado unas pizzas para cenar. ¿Dónde ves el problema?

    —No lo veo, no.

    —Pues eso, bro. Disfruta de tu libro y de tu viernes, nos vemos.

    —Hasta luego. —Se despidió levantando la mano con la que no sujetaba el móvil.

    Bloqueó el móvil y volvió a abrir su libro, sonriente.

    Su editorial favorita seguía abierta en el futuro.

*Scrollear, verbo original en inglés scroll, que utilizo como si fuese un verbo español más.

(27/05/2022)

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